b'Marcial Gala'
b'Sentada en su verde lim\xf3n'
b'Ediciones Corregidor (Argentina)'
Páginas:
Formato: b''
Peso: 0.3 kgs.
ISBN: b'978-950-05-3147-4'
b'Con el reciente \xe9xito en nuestro pa\xeds de Leonardo Padura -en especial de su novela El hombre que amaba los perros, sobre la vida en el exilio de Le\xf3n Trotsky- comenz\xf3 a subsanarse un desconocimiento de a\xf1os sobre la literatura caribe\xf1a en general y cubana en particular. Si con algo asoci\xe1bamos a Cuba era con la revoluci\xf3n y, en cuanto al arte, a la m\xfasica de la Nueva Trova. No mucho m\xe1s: nuestra idea de la literatura cubana por poco empezaba y terminaba en Jos\xe9 Mart\xed. Desde hace unos a\xf1os, la editorial Corregidor est\xe1 colaborando con la correcci\xf3n de ese defecto -nuestro, desde luego- con la publicaci\xf3n de algunas de las novelas de Marcial Gala, en su colecci\xf3n Archipi\xe9lago Caribe: La catedral de los negros, en 2015 -publicada originalmente en 2012- y, ahora, Sentada en su verde lim\xf3n, de 2004. \n\xa0\nPara Marcial Gala, sin embargo, ese desconocimiento de lo que se escribe en Cuba termina por jugar a favor: su escritura no puede menos que sorprender. Hasta la lengua que hablan sus personajes resulta extra\xf1a, inesperada. Pero tal vez lo que m\xe1s sorprende es que esperamos que todo arte en Cuba sea propaganda revolucionaria. Marcial Gala, en cambio, escribe despu\xe9s de la ca\xedda de la Uni\xf3n Sovi\xe9tica, y habla, como dice \xe9l mismo en una entrevista con T\xe9lam, de lo que ha sucedido al hombre cubano "tras muchos a\xf1os de b\xfasqueda de la utop\xeda del hombre nuevo, que result\xf3 en parte, pero en gran parte no result\xf3".\n\xa0\nDe hecho, Sentada en su verde lim\xf3n transcurre en la ciudad de Cienfuegos durante el llamado "Per\xedodo especial", los a\xf1os que siguieron a la ca\xedda de la Uni\xf3n Sovi\xe9tica, marcados por el recrudecimiento del bloqueo de Estados Unidos y una profunda crisis no solo econ\xf3mica sino tambi\xe9n humana, un momento de resquebrajamiento del horizonte de futuro que hab\xeda orientado la vida en Cuba desde 1959. La historia es la de un extra\xf1o tri\xe1ngulo amoroso, compuesto por Harris, un saxofonista alcoh\xf3lico que vive de la gloria del pasado, la jovenc\xedsima Kirena, que sue\xf1a con ser poeta, y Ricardo, un pintor que muy cada tanto vende alg\xfan cuadro, m\xe1s reconocido en el barrio por pasarse el d\xeda fumando marihuana. \n\xa0\nLas verdaderas historias de amor suelen terminar mal, dice la contratapa. Pero esta historia, antes de terminar mal empieza mal: empieza, podr\xeda decirse, sabiendo que va a terminar mal: "no pod\xeda hacer nada por ella, salvo estar sentado a su lado y abrazarla y decirle no temas, Kirenia, todo se va a arreglar, aunque ambos sepamos que nada se arregla porque no hay nada que arreglar". Y es que en esta novela los personajes y sus historias est\xe1n ca\xeddos desde en una especie de no future punk - y en esto tambi\xe9n, como en la fuga constante hacia el alcohol y las drogas- Sentada en su verde lim\xf3n recuerda en algo a aquel Viva la m\xfasica, del colombiano Andr\xe9s Caicedo. Aunque la novela de Marcial Gala parece ir todav\xeda m\xe1s lejos en el desencanto. A diferencia de Caicedo y del punk, la juventud no provee de un punto de apoyo: "Tener diecinueve a\xf1os, oficio triste porque nadie tiene diecinueve a\xf1os". Como tampoco lo provee el pasado, salvo quiz\xe1s para Harris, que es el personaje m\xe1s viejo. As\xed, lo que puede parecer al comienzo un tono melanc\xf3lico, se va desgajando a medida que avanza la historia para dejar paso a una mirada distante, desesperanzada, como la de quien siente que el mundo es "una avecilla rara que uno descubre mirando por el ojo de la cerradura de una casa abandonada, ave que por mucho que hagamos nunca ser\xe1 nuestra": \n\xa0\n"Era como si no existi\xe9ramos, era como si hubi\xe9ramos estado sentados desde siempre en ese maldito banco mirando la nada, era como si fu\xe9ramos parte del Prado, era tan angustioso que comprend\xed que hab\xeda que irse de Cienfuegos, era necesario echar el ancla en alguna otra parte pues la ciudad lo va asimilando a uno, convirti\xe9ndolo en la nada". \n\xa0\nUna mirada al margen de la vida, como la de los fantasmas. Y es que Sentada en su verde lim\xf3n es tambi\xe9n, en parte, una novela de fantasmas. Hay fantasmas verdaderos que solo Harris percibe -pero que toman la palabra por algunos momentos- y fantasmas inminentes: vivos que ya se saben condenados a muerte, cuyo rasgo f\xedsico que m\xe1s se destaca es la espalda. El gesto es el de irse, el de estar y\xe9ndose: de la \xe9pica revolucionaria -y qu\xe9 mejor que el nombre encendido de Cienfuegos para encarnarla-; del fuego; de la comunidad, de la vida: de esos finales tristes trata esta novela, que transcurre en ese instante de estupor en que se percibe todav\xeda el fantasma de lo que fue y no se adivina todav\xeda la forma de lo que vendr\xe1. \n\n'