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Seres queridos

Vera Giaconi

Seres queridos
Vera Giaconi
 
En Seres queridos, su segundo libro de cuentos -después del impactante Carne viva, de 2011- Vera Giaconi se afirma como una de las voces más contundentes de la narrativa actual y también como una de las más prolijas: con leer cualquiera de los cuentos se nota enseguida que el tiempo que pasó de un libro al otro fue tiempo de trabajo.
 
Las diez historias que integran Seres queridos circunscriben aquella conocida idea de Sartre de que el infierno son los otros. No todos los otros, parece decir Giaconi, sino los más cercanos, los más queridos: como si el infierno se gestara mejor en la proximidad, en el cariño. Las relaciones familiares son, de hecho, el espacio en el que transcurren estas historias. Algunas veces, se trata de relaciones que, sin ser familiares, entrañan una familiaridad: la de una mujer que padece una enfermedad crónica y extraña con su médico, la de una empleada doméstica con la señora de la casa.
 
Si el espacio es la familia, el tiempo es este, el nuestro: nuestro pasado reciente, cuyas reverberaciones no dejan de llegar -los años setenta, y lo que la tragedia histórica hizo en las familias: padres que deben separarse de sus hijos que parten al exilio llevándose a los nietos; hermanitos que comprenden cuándo es hora de utilizar los escondites de la casa que les fueron señalados-; y el hoy: algunas noticias resonantes, como los ataques de pirañas, Mc Donalds, los reality shows y sus protagonistas, la televisión, una y otra vez, por todas partes, la televisión.
 
En ese espacio, y en ese tiempo, que podrían parecer acotados, pasa sin embargo de todo, porque Giaconi disecciona cada personaje: la psicología, la clase social, la edad, el género, ninguno de los factores que lo definen y entraman sus relaciones queda afuera de estos relatos. Giaconi escoge los elementos con la minuciosidad de una científica -como si los tomara con una pinza- y los pone a funcionar en el relato con la destreza de una escritora que se percibe dedicada, prolija, que no deja nada librado al azar, capaz de llevar las palabras lo más lejos posible: ese borde donde la realidad deja paso a otra cosa, donde la experiencia cotidiana de lo familiar se roza con lo fantástico, lo siniestro, lo maravilloso. Giaconi, así, amplía el campo de lo visible de lo cotidiano, cada vez más hasta el último cuento, el más decididamente fantástico, el más perturbador: "Reunión" que, al igual que los anteriores, tiene un final abierto. Y es que no hay, en Seres queridos, ninguna concesión a la calma.

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Once tipos de soledad

Richard Yates

 
En sus escritos teóricos de la década del cincuenta, Ezra Pound sentó las bases de una poesía "objetiva", que partiera siempre de lo concreto, como la escritura ideogramática china y el procedimiento empirista. Postuló, así, una relación entre la tradición literaria norteamericana del siglo XX y la ciencia, que puede efectivamente rastrearse. La propia teoría del cuento de Ernest Hemingway, la conocida teoría del iceberg, piensa en porcentajes y geografías.
 
Algo de eso hay, también, en los cuentos de Richard Yates, a quien se ha colocado en la línea de, entre otros, Hemingway, J. D. Salinger, Raymond Carver y Flannery O'Connor. Once tipos de soledad -un libro de cuentos de 1962, recientemente reeditado en español por Fiordo, en la impecable traducción de Esther Cross- promete, ya desde el título, una taxonomía. Y las once historias del libro, podría decirse, cumplen la promesa: un recorrido -tan sórdido como imposible de abandonar- por diferentes formas de la soledad; es decir, por algunos episodios concretos que dan cuenta de un tema abstracto, existencial si se quiere: la soledad. Como escribió uno de los seguidores de Pound, el poeta William Carlos Williams: no hay ideas sino en las cosas.
 
Pero, ?qué soledad? Contra lo que podría suponerse, los cuentos de Yates no presentan personajes aislados, sino personajes en relación. Y frente a cada cuento uno se pregunta: ?la soledad de quién? En muchos casos, la sensación se refuerza porque el punto de vista salta de un personaje a otro y las soledades se multiplican. Así, en "Lo mejor", se relatan las últimas horas de Grace y Ralph antes de casarse; primero las de ella, luego las de él, finalmente las de los dos juntos. En "Fuera el viejo", los festejos de fin de año de 1950 de algunos de los internados en el Edificio 7, el pabellón de tuberculosos del Hospital Mulloy de Veteranos, incluidas sus salidas a visitar a sus familias -el propio Yates estuvo internado en uno de esos pabellones tras haber contraído la enfermedad en el frente durante la Segunda Guerra Mundial-. En "El doctor Jack-o'-Lantern", el cuento que abre el libro, se trata de la relación de una maestra con un alumno problemático. En "Jody tuvo suerte", de la relación de los soldados conscriptos con su implacable instructor.
 
El matrimonio, el hospital, la escuela, el ejército: las instituciones que sustentan la modernidad y, en especial, la forma que esa modernidad toma en los Estados Unidos durante la década del cincuenta; esos años de bonanza económica que tienen, como antecedente inmediato, y también como reverso, el horror de la guerra: un progreso que se ve a todas luces bajo el cual, sin embargo, una mirada atenta, como la de Ford, puede descubrir el porcentaje de espanto, de dolor, de soledad.
 
 
 
 

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