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Realismo capitalista

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Materia: Ciencias Sociales ISBN: 9789871622450
Subtítulo: ¿No hay alternativa?
Editorial: Caja Negra Editora (Argentina) Num. de edición: 1

Reseña

En Realismo capitalista, recientemente editado por Caja negra, el escritor y crítico inglés Mark Fisher -cuyo proyecto fue gestado en el marco de una comunidad bloguera, bajo el pseudónimo de K-punk- realiza un diagnóstico del presente tan claro como iluminador, partiendo de la premisa de que es en la cultura donde se manifiestan, como síntoma, los principales malestares del capitalismo. Fisher retoma la idea -atribuida tanto a Slavoj ?i?ek como a Fredric Jameson- de que es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo, para definir el realismo capitalista, la generalizada visión de mundo según la cual, actualmente, "el capitalismo no solo es el único sistema económico viable, sino que es imposible incluso imaginarle una alternativa".
 
La línea en que se sitúa Fisher es la de los estudios culturales: es en la música, la literatura y sobre todo el cine -pero también, más ampliamente, en la educación, la salud mental, la organización del Estado- donde se configura el realismo capitalista y, al mismo tiempo, donde se subliman sus angustias. En su análisis, Fisher retoma autores y conceptos del marxismo, del postestructuralismo, del psicoanálisis. Y fundamentalmente, a lo largo del libro son centrales las teorías sobre la cultura posmoderna de Jameson y las reflexiones de ?i?ek sobre la ideología en el capitalismo tardío, cuya formulación paradójica es, justamente, la del fin de las ideologías. En efecto, Fisher observa que una de las angustias recurrentes en la filmografía contemporánea es la de que ya no es posible que surja nada nuevo -el mundo estéril de Children of men, por ejemplo, en el que ya no hay nacimientos-. Esta idea, íntimamente ligada a la del fin de la historia que, en 1989, anunció el politólogo norteamericano Francis Fukuyama, se relaciona también con otro de los rasgos centrales de la producción cultural actual: la nostalgia y la continua reversión del pasado como único horizonte posible. El hecho de que, simultáneamente, hoy se valoricen el presente, el cambio constante y la novedad no hace más, dice Fisher, que acrecentar la angustia, que por otra parte ha sido introyectada. Y es que en tiempos de realismo capitalista no se trata de que el sistema absorba y anule las alternativas y las formas de resistencia -como ocurría en un momento anterior, uno de cuyos últimos representantes, profunda y trágicamente conciente, fue Kurt Cobain-, sino de que los deseos ya vienen premoldeados: en tanto no hay afuera, todo está destinado a producirse dentro del sistema. A la incorporación sigue, pues, la precorporación.
 
Sin embargo, este libro no se limita a la desesperanzada comprobación de la falta de alternativas; al contrario, está atravesado por la pregunta acerca las formas posibles, eficaces, de resistencia. Qué puede hacer la izquierda, sobre todo, por fuera de los movimientos políticos que, surgidos al calor del siglo XX, no pueden ya constituir verdaderas respuestas. Se trata, sugiere Fisher, de politizar, es decir, transformar "en terreno de batalla lo que se da por descontado". Puesto que el realismo capitalista lo que hace, ante todo, es naturalizar lo que no es natural. Y "desde Brecht hasta Focuault y Badiou, la política emancipatoria nos pide que destruyamos la apariencia de todo 'orden natural', que revelemos que lo que se presenta como necesario e inevitable no es más que mera contingencia y, al mismo tiempo, que lo que se presenta como imposible se revele como accesible". Ese es, tal vez, el principal gesto de este libro: al recortar el realismo capitalista, al señalar su carácter ideológico, señala su carácter de artificio. Es una ficción, consensuada pero ficción al fin y, que está, además, inmersa en la temporalidad. Y donde hay tiempo, hay cambio.