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Pequeña flor

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Materia: Lit. Argentina ISBN: 978-987-3650-67-3
Editorial: Penguin Random House (Argentina) Num. de edición: 1

Reseña

Pequeña flor, la nueva novela de Iosi Havilio (la quinta, que llega después de Opendoor, el hitazo con que Havilio hizo su aparición en la literatura argentina; Estocolmo, una historia de exilio, y las más recientes: Paraísos y La serenidad) es un solo largo párrafo, casi como una exhalación, que trata sobre uno de esos "tiempos bisagra", aunque será cerca del final que el protagonista consiga esa formulación. José es un hombre en sus treinta y pico, casado, que acaba de tener una hija y quedarse sin trabajo.
La novela empieza con la frase: "Esta historia empieza cuando yo era otro" y, en efecto, es la historia de una transformación, de muerte y resurrección, que tiene lugar en ese tipo de tiempo en que todo entra en crisis: desde el matrimonio hasta las creencias más arraigadas en el sentido común. Incluso las leyes que gobiernan la realidad parecen tambalear. Podría decirse que la historia de Pequeña flor transcurre en una suerte de "realidad perturbada", que ya habían anticipado, en parte, las novelas anteriores de Havilio.
A esa primera, contundente, frase con que comienza la novela, la precede un epígrafe, que constituye la verdadera línea de largada de la historia:
 
"Tal vez la gente no se muera nunca
Quizás al morir le llega el nombre de la muerte
y mientras sigue rebotando la idea de la muerte
contra el signo y la noción de la muerte,
la vida continúa en suspenso".
 
La frase pertenece a "Help a él", anagrama y reversión del famoso cuento de Borges, "El aleph", realizados por Fogwill. Pequeña flor, por su parte, retoma y, nuevamente reversiona, algunos de los elementos que aparecían ya en Borges o Fogwill: la muerte y, sobre todo, las diversas formas de permanencia de los muertos entre los vivos, las drogas y, también, el propio aleph que aquí es un hoyo de unos cinco centímetros de diámetro que se abre entre la hojarasca en un basural. A continuación, José refuerza la referencia, al afirmar: "sería fácil caer en la enumeración caótica una vez más, sería tan fácil como insuficiente". Desde luego, de lo que se está hablando desde el comienzo es de literatura, aunque esto tarde en ser explicitado -será, recién, entonces, que podrá formularse la noción de "tiempo bisagra"-. Al final, el protagonista se decide a escribir. Tiene una historia que contar, está casado con una editora, todo cierra.
Pero lejos de pertenecer al ámbito de lo anecdótico -casi nada, en esta novela, pertenece a ese ámbito- la decisión de José de convertirse en escritor abre toda una reflexión sobre la literatura. Dice: "Pero yo no quería escribir por escribir, mi libro debía apuntar a algo estricto, un documento definitivo. Reflejar un fenómeno real, fantástico pero real".
Y en la referencia a Borges y a Fogwill, esa reflexión de carácter general se ancla en una reflexión particular sobre la literatura argentina, para la que traza una línea posible: la que va del Borges autor de "El aleph" y compilador de la Antología de la literatura fantástica a un Fogwill impulsor del realismo. En otras palabras, podría decirse que esta novela cuenta, también, una determinada historia de la literatura argentina, en la que además se inscribe: aquella en que Borges es asesinado a manos de Fogwill. Claro que en una realidad perturbada como la de Pequeña flor, en la que el orden natural de causas y consecuencias es lo primero en alterarse, el asesinato no implica necesariamente la muerte.