tapa

Distancia de rescate

$ 299.00
Sin stock, Consultar disponibilidad

Información adicional

Materia: Lit. Argentina ISBN: 978-987-365-044-4
Editorial: Penguin Random House (Argentina) Num. de edición: 1

Reseña

Distancia de rescate
Samanta Schweblin
(Random House, 2014, 128 p.)

Tal vez Samanta Schweblin sea una de las escritoras más sólidas entre los que a comienzos de este siglo formaron parte de la llamada "nueva narrativa argentina". Nacida en 1978, sacó su primer libro de cuentos, El núcleo del disturbio , en 2002, al que seguiría, en 2009, Pájaros en la boca. El primero recibió los premios Haroldo Conti y Fondo Nacional de las Artes; el segundo, el prestigioso Casa de las Américas.
En Distancia de rescate , su primera novela (publicada este año por Random House Mondadori), Schweblin retoma algunos de los rasgos narrativos que la habían distinguido en los cuentos -han sido sintetizados como una filiación con el Cortázar de "Cartas a una señorita en París" o "Circe"- pero que, en la extensión de la novela se transforman en algo nuevo, y terrorífico.
Es conocida la idea que tenía Cortázar del fantástico, no como un artificio literario, ni siquiera como un mundo diferente, sino como una parte del mundo que habitamos todos los días. Claro que no todos consiguen percibir esa imbricación. La mayoría solo puede concebir la normalidad y algo que está más allá sobre lo que es mejor no pronunciarse: lo paranormal. En ese sentido, lo fantástico supone ante todo un problema perceptivo. Hay, en este mundo, otro, que no solo no vemos sino que tampoco sabemos muy bien cómo funciona, desconocemos cuáles son las leyes que lo rigen. Por eso es que, cada tanto, registramos en este mundo, el de todos los días, un efecto extraño, inexplicable cuyas causas o no se ven o no se corresponden con la lógica que acostumbramos a usar. Se parece bastante al modo en que asistimos a nuestros propios sueños o, mejor, nuestras pesadillas. Y es precisamente allí donde se apoya Schweblin para convertir lo fantástico en aterrador.
La novela trata sobre el hilo que une los mundos y que, para nuestra pobre percepción, se ha roto. Asistimos a un diálogo. Una mujer intenta reconstruir una historia, un niño -David- le hace preguntas, guiándola en la búsqueda del punto exacto en que todo se arruinó: el punto exacto, diríamos, en que el otro mundo tocó el nuestro y comenzó a filtrarse, como un veneno, en sus estructuras conocidas.
Y es como en las pesadillas: no se ve con claridad, las palabras no salen, cuesta manejar, no se logra llamar por teléfono para pedir ayuda. La angustia es cada vez mayor, se parece a la claustrofobia. Distancia de rescate transcurre, además, en el campo, ese espacio "otro" para los habitantes de las ciudades. Sumergidos en la extrañeza, no se consigue recuperar la historia, no se sigue el hilo, no se encuentra el punto en que todo se desmadró. Nunca más atinado el término: las protagonistas de esta historia son madres que fracasan en su intento de proteger a sus hijos. Por más cerca que se mantengan de ellos hay algo que no ven: algo que escapa a la percepción y por lo tanto al control, que es, finalmente, lo que deja a estos chicos des-madrados, expuestos a los peligros de todos los mundos posibles, entre los cuales migran, abandonados por la suerte. Así, los niños, en Distancia de rescate (igual que en algunos cuentos de la autora, como "Pájaros en la boca" o "Un hombre sin suerte") terminan convirtiéndose en seres perturbadores, a la vez desprotegidos y amenazantes.
La amenaza, además, es bien actual. La novela despliega uno de los apocalipsis que del 2000 a esta parte han comenzado a ajustarse a nuestro horizonte de posibilidades; una catástrofe de tales dimensiones que obliga a la percepción a fallar (se buscan explicaciones razonables para lo que no puede ser: "quizás es algo que le escuchó decir a la mujer de la casa verde", "quizás es parte del shock") pero con la que, sin embargo, al mismo tiempo, nos fuimos familiarizando. Y ahí está el núcleo del terror, en esa juntura siniestra entre lo imposible y lo cotidiano, entre lo extraño y lo familiar. A medida que avanzamos en la lectura de Distancia de rescate, aferramos el libro con más fuerza y contenemos la respiración. Y rogamos que no pase lo que ya sabemos que va a pasar, lo que en un nivel, aunque no lo veamos, ya está pasando.