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Mis años grizzly

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Materia: Lit. Universal ISBN: 9788416544011
Subtítulo: En busca de la naturaleza salvaje
Editorial: Errata Naturae (España) Num. de edición: 1

Reseña

La traducción al español de Mis años grizzly, del norteamericano Doug Peacock, dio nacimiento en 2015 a la colección "Libros salvajes" de la editorial Errata Naturae, regida por el lema de Henry David Thoreau de que "todo lo bueno es libre y salvaje".
 
Como Del caminar sobre el hielo, de Werner Herzog  o El peregrino, de J.A. Baker -otros recomendados de Libros del Pasaje-, Mis años grizzly es uno de esos libros en los que se narra la fuga de un hombre a la naturaleza ante la catástrofe de la civilización, que es también una catástrofe personal. Salirse de los caminos, de las zonas habitables o turísticas, internarse en los bosques y, sobre todo, acercarse a los animales cuanto sea posible, en este caso a los grizzly, una especie singular de osos, enormes y claros, que habitan zonas frías del norte de los Estados Unidos y que, como el peregrino de Baker, están en peligro de extinción.
 
Doug Peacock acaba de regresar de Vietnam y no encuentra manera de reinsertarse en la sociedad, ni siquiera de pasar tiempo en ella. Durante unos años, vaga por paisajes deshabitados, toma alcohol y algunas veces pasa noches enteras recordando la guerra o, más bien, reviviéndola. Y es que, como él mismo dice, "el pasado nunca quedaba suficientemente lejos en aquellos días". Pero es también entonces que comienza a seguir el camino de los osos, a observarlos, a interesarse por ellos.
 
Tiempo después, su amigo Gage lo proveerá de una cámara, que será casi lo único que Peacock lleve consigo en los ahora más regulares viajes al territorio grizzly: "Quería grabar películas con grizzlies salvajes, lejos de las carreteras y la gente. Quería ver cómo se comportaban cuando desaparecían el hombre y sus instrumentos". Pero sobre todo, lo que se busca es obtener imágenes de los grizzlies antes de que sea demasiado tarde.
 
Como se explica en uno de los interludios del texto, "La desaparición del grizzly", los osos fueron desde siempre animales considerados inútiles, en el mejor de los casos, e incluso amenazantes para actividades productivas como la ganadería o el turismo, por lo que se convirtieron en objeto predilecto de caza desde los tiempos en que el Oeste de Estados Unidos todavía no había sido colonizado. Sin embargo, en los años setenta la situación parece haber empeorado, o al menos así lo percibe Gage:
 
"Gage había hecho sus entrevistas, preguntando a más de cincuenta personas, en su mayoría trabajadores de los rangos más bajos del parque y subcontratados, dónde habían ido a parar los osos. La historia que escuchó era un relato bastante consistente sobre empleados que disparaban a los osos negros que frecuentaban las carreteras y campamentos en busca de comida. Lo que les había pasado a los grizzlies estaba menos claro, casi nadie había visto uno. Gage estaba furioso, y a mí me costaba tragarme el cuento que solían esgrimir de que el Servicio de Parques Nacionales estaba diezmando intencionadamente a la población grizzlie. Sin embargo, parecía evidente que se había creado una atmósfera propicia para que una serie de empleados pudiera deshacerse de los osos 'problemáticos' sin tener que dar luego demasiadas explicaciones".
 
Peacock oscila entre creer y no creer las teorías conspirativas sobre una suerte de "equivalente animal del Watergate":
 
"Como acababa de volver de un lugar donde elementos como la paranoia y la esquizofrenia constituían versiones perfectamente válidas de la realidad, me costaba tragarme la versión oficial. Había cogido la costumbre de prestar atención a las cosas sobre las que la gente se tomaba la molestia de mentir. El mismo escepticismo que aprendí de los militares durante la ofensiva del Tet se puso en acción para mi lectura del bienestar de los osos grizzly. Vietnam había endurecido mis dudas. Esas consideraciones teñían mi modo de ver las cosas, claro está [?] Había perdido la confianza en los poderes que dirigían las salas de la guerra -ya fuesen los generales que encabezaban la Gran Guerra de Vietnam o los políticos y burócratas al frente de la guerra, a más pequeña escala, contra los grizzlies-".
 
En cualquier caso, el avance del turismo está reduciendo cada vez más las zonas que los osos encuentran libres para reproducirse y cazar. Hay una pérdida, que es común a osos y hombres y que está en el centro de un relato cuyos motores son la paranoia y la melancolía: dos posiciones diferentes frente a la pérdida -el miedo o la constatación- pero, al mismo tiempo, las únicas vías posibles para evitar la perdición.
 
De hecho, Mis años grizzly comienza con un singular ritual que es, a la vez, de restitución y de despedida: Peacock regresa a depositar cerca de un oso el cráneo de su madre, comprado a un cazador. Durante sus recorridas por Yellowstone había visto juntos a la osa y su hijo y ahora volvía a juntarlos, justo antes de la gran nevada que daría comienzo al invierno y a la hibernación.
 
Así, hay en este libro una especie de círculo que se cierra, o más bien: que siempre se está cerrando. Y es que hay algo así como un tiempo cíclico, que sigue más las estaciones que los años. Por eso, la narración va pasando de una primavera a otra así como va pasando de un espacio a otro: de la guerra de los grizzlies a la de Vietnam. El pasaje puede resultar confuso si uno se aferra a una cronología, si uno intenta reponer un ordenamiento civilizado del tiempo y poner cada cosa en su lugar: Vietnam, el regreso y los años de vagancia y perdición, el encuentro con los primeros osos, 1973 -el año en que Gage le da la cámara-, los años de filmación, el presente de la escritura. Y es que no se trata de instantes separados, no se trata del orden ni de la clasificación sino, por el contrario, de su desbaratamiento.
 
Ya en el siglo XIX se sabe que el hombre viene del mono y que no existe, en realidad, una disrupción sino una cadena evolutiva. Sin embargo, no fue hasta avanzado el siglo XX que la literatura comenzó a dar cuenta de esta continuidad. Según señala Gabriel Giorgi en Formas comunes, desde los años sesenta, "el animal cambia de lugar en los repertorios de la cultura", a partir de que una serie de materiales estéticos comienzan a explorar formas de contigüidad, de proximidad con la vida animal. La vida animal ya no puede ser separada con precisión de la vida humana. Y esto, por supuesto, desbarata todas las clasificaciones. La distinción entre humano y animal, que durante mucho tiempo había funcionado como un mecanismo ordenador, se tornará cada vez más precaria. Y no de otra cosa habla Mis años grizzly:
 
"Me acuclillé y estudié la silueta de la huella trasera del grizzly sobre la capa de barro. Cuán humana era. La primera vez que vi el esqueleto de un oso negro me impactó su escalofriante parecido a un cadáver humano. Los osos son capaces de erguirse y, como nosotros, tienen una visión frontal y binocular. Son hábiles y pueden girar sus patas delanteras. Roncan cuando duermen y abofetean a sus cachorros cuando los oseznos se meten en problemas. El oso es omnívoro, el único mucho más grande que nosotros. En Norteamérica, un continente sin primates, los grizzlies son los animales más parecidos al hombre. Son, como nosotros, generalistas que colonizan diferentes hábitats [?] Los osos nos recuerdan en qué podríamos habernos convertido de no haber dejado la naturaleza para vivir en pueblos, ciudades y barrios residenciales".
 
No es casual que esto ocurra después de una catástrofe como la que representa una guerra, en la que los hombres matan y mueren "como animales". Entonces, una idea de civilización comienza a resquebrajarse: los hombres ponen en duda lo que siempre creyeron de sí mismos y del mundo y se hacen visibles por un momento el engaño y el error que supusieron el camino de la evolución y su relato. Pero también es entonces -en ese tiempo desordenado que sigue a la catástrofe, en la proximidad con el pasado animal y en la indefinición que conlleva- que algo, tal vez, pueda salvarse. Peacock lo adivina y no es otra cosa lo que lo empuja, primavera tras primavera, página tras página, a adentrarse, solo, en territorio grizzly.