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Florentina

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Materia: Lit. Argentina ISBN: 978-987-3616-67-9
Editorial: blatt & ríos (Argentina) Num. de edición: 1

Reseña

Florentina
Eduardo Muslip
 
 
Como casi todas las historias sobre muertos, Florentina, la nueva novela de Eduardo Muslip, comienza con una aparición: la de la abuela sentada en uno de los sillones de la casa de los tíos, en Barracas. A partir de ahí va desplegándose el relato de la vida de Florentina, emigrante a la fuerza de una Galicia que nunca dejaría de añorar y con la que Argentina iba a perder todas las comparaciones.
 
Y es que Florentina es también una historia sobre lugares (tal vez todas las historias de muertos en alguna medida lo sean): el campo en Galicia y, en Buenos Aires, Barracas, La Boca, el Riachuelo y su contaminación creciente, la zona de los hospitales psiquiátricos.
 
El relato está compuesto por recuerdos y reflexiones del narrador, percepciones de su abuela siempre mirada como desde afuera, nunca en contacto: Florentina no es de ese tipo de abuelas. Pero también el relato está compuesto de lo que ella contaba, lo que decía de las personas, algunas frases que repetía siempre. Y, finalmente, de lo que los otros miembros de la familia fueron diciendo de Florentina: otro puñado de frases repetidas, suerte de epítetos, como "nos va a enterrar a todos" o "para esa época ya estaba enferma".
 
Pero, ?es realmente una aparición? ?o se trata más bien de una visión? Es decir, ?qué es el recuerdo de los muertos? No hay, en toda la novela, episodio que no contenga, de algún modo, esa pregunta, insistente y algo melancólica: ?cómo recordamos a las personas? ?Hay algo que exista en sí y que una vez muerto pueda aparecérsenos, tal como era? ?O solo hay visiones, que los grupos, y muy en especial las familias, van construyendo a lo largo de los años, palabras e imágenes que después ya no pueden despegarse del ser?
 
Florentina murió treinta años antes del comienzo de la novela. Es decir, no se trata de un proceso de duelo ni tampoco de una lucha contra el olvido: en todo caso, la abuela en sí ya está lejos.
 
Cierta distancia parece ser fundamental, una condición para el relato: como cuando se mira por la ventana del tren y solo se ve lo que, por estar lejos, permanece; y en cambio las manchas verdes o marrones que tocan la ventanilla no alcanza siquiera a comprenderse qué son.
 
(La abuela sobre esta cuestión no se pronuncia: ella necesita desniveles para percibir la distancia, en la llanura no ve nada, ni le interesa.)
 
Florentina en sí ya está lejos. Quedan las pequeñas historias, fragmentos intactos de una vida, que con la paciencia y el amor de un coleccionista el narrador va acomodando, suavemente, uno junto al otro, para que podamos contemplarlos.