Rodolfo Enrique Fogwill (1941 - 2010)

Rodolfo Enrique Fogwill (1941 - 2010)

Rodolfo Enrique Fogwill nació en Quilmes en 1941. Fue sociólogo y publicista, además de escritor. Entre sus libros, se destacan las novelas Los pichiciegos, La experiencia sensible, En otro orden de cosas, los cuentos de Muchacha punk, incluidos en la recopilación de Alfaguara y los poemas de Canción de paz o Lo dado. Falleció en Buenos Aires en 2010.

Fogwill y sus poderes

En 2014, cuatro años después de la muerte de Rodolfo Fogwill, Mansalva publicó una suerte de biografía suya, construida en el entramado de voces de una serie de escritores y otros agentes culturales que lo conocieron. Es posible que la tendencia al biografismo propia de estos tiempos se viera potenciada por la fuerza del personaje que Fogwill construyó en vida como si fuera una de las marcas con las que trabajaba como publicista (el mito cuenta que fue él el creador del horóscopo Bazooka y de la frase "el sabor del encuentro"): fumador empedernido, observador brillante e imprevisible, agresivo y a la vez generoso con los colegas, fundador de la editorial La Tierra Baldía, donde publicaron Perlongher y Lamborghini, poeta y narrador que inició su carrera literaria ganado un concurso literario organizado por Coca Cola -empresa a la que años después le vendería los derechos de uno de sus poemas, que sería versionado y utilizado en una publicidad de la línea light-, enojado siempre con los editores y los agentes literarios, padre de muchos hijos y, según Borges, "el hombre que más sabe de autos y cigarrillos" (lo que, como le harían notar después, quería decir que no lo consideraba escritor). En Fogwill. Una memoria coral, el escritor Sergio Chejfec dice:
 
"Hace un par de años se me ocurrió preguntarme en qué lugar de la Argentina se toma menos mate. Porque es una cosa difícil de imaginar, uno tiende a creer que en todos lados se toma mucho, siempre mucho. Nadie de quienes estaban cerca supo responder. Pienso que es uno de esos datos que Fogwill hubiera podido darme de inmediato. Al fin de cuentas, él tenía acceso a los escáneres de todos los supermercados. El país le resultaba legible"
 
En otra parte del libro, Chejfec retoma la idea y dice que siempre le llamó la atención que Fogwill leyera, "de una manera muy directa y oblicua", tendiendo a "vincular materiales ideológicos y señales superficiales". Esto es, de la superficie del texto. Las palabras, y en especial los nombres, son como indicios: el que sabe leer, encontrará en ellas el referente, pongamos por caso, el mapa del mate en los datos de ventas de los supermercados. De hecho, el personaje que Fogwill construyó con tanta dedicación tuvo mucho que ver con esta habilidad para leer, que le permitía advertir con facilidad lo que a los demás se les pasaba por alto.  
 
Por ejemplo, cuando en una entrevista hicieron referencia al hecho de que Los pichiciegos fue uno de los primeros libros que denunció los vuelos de la muerte, Fogwill respondió: "Los vuelos de la muerte fueron denunciados un par de años antes por The Buenos Aires Herald y el Argentinisches Tagelblat, que dieron cuenta de la aparición de cuerpos en la costa uruguaya y en la caída de un cuerpo sobre la cubierta de un carguero en el Río de la Plata. Nadie le prestó atención a aquello. Yo sí". O cuando afirmó, en otra entrevista, también en relación con Los pichiciegos: "Usé la literatura como buzón [?] Yo deposito en clave un montón de datitos, para que vean que yo me avivé y que todos los demás son unos pelotudos. Es la venganza del tipo que entiende".
 
Es precisamente a partir de Los pichiciegos que la figura de Fogwill comienza a ser asociada a una capacidad de leer la realidad que es casi sobrenatural, casi un poder adivinatorio. Según él mismo cuenta, la novela fue escrita de un tirón, sin dormir, entre el 11 y el 17 de junio de 1982, es decir, cuando todavía se libraban en Malvinas los últimos combates. A la velocidad de la escritura se suma la velocidad de la primera circulación: en fotocopias, de mano en mano. Fogwill cuenta que "La novela tuvo al principio unos catorce ejemplares, y después fotocopias, que se editaron en Brasil. Ponele que esos catorce ejemplares los hayan leído tres personas cada uno. Hay setenta y dos lectores del libro antes de que termine la guerra". Entre estos, pudieron contarse: Jorge Asís, Sergio Bizzio, Charlie Feiling, Beatriz Guido, Jorge Lafforgue, Enrique Pezzoni, Néstor Perlongher, Ana María Shua. En esas historias sobre las circunstancias de escritura que comenzaron a circular junto con la novela, se ve cómo el gesto fundamental de Los pichiciegos fue el de la simultaneidad respecto de los acontecimientos, de los que la narración da cuenta: las condiciones de la guerra, la derrota argentina, sus efectos, la democracia que sobrevendría.
 
Un año antes Fogwill había publicado Música japonesa, que incluía el cuento "Los pasajeros del tren de la noche", en el que se relata la llegada de soldados a un pueblo, en el tren de los jueves por la noche, en medio de una atmósfera de vergüenza y silencio. Solamente sus madres se agolpan en la estación cada jueves. Según Fogwill se trataba de una alegoría de las marchas de las madres de Plaza de Mayo, pero la guerra impediría esa lectura y operaría retrospectivamente haciendo ver, en ese cuento, una anticipación de Malvinas.
 
En La experiencia sensible, Fogwill juega con esta anticipación: publicada en España en 2001, cuenta la historia de las vacaciones en Las Vegas de un empresario del espectáculo y su familia en 1978, cuando se vieron compelidos a alquilar su casa de Punta del Este a un brigadier. La novela se abre con un prólogo, donde el narrador de la historia dice que esta fue escrita en 1979, pero que entonces no pudo circular, puesto que no se ajustaba a "lo debido": "Nadie que se preciara de estar a tono con la época apostaba al realismo, cada cual esperaba su turno para manifestar su desprecio por la realidad". Terminado el siglo XX, en cambio, la obra que por azar no se perdió, "vuelve a circular con el mismo nombre y un vago emblema de consagración literaria". La novela, entonces, escrita en el 2000, dice haber sido escrita en 1979 como una crónica pero en más de un sentido anticipa el tiempo de su escritura efectiva.  
 
Y es que las lecturas agudas del presente de Fogwill, rayanas en la anticipación, siempre son también una lectura de las formas en que el presente se dice a sí mismo e incluyen, en ese sentido, alguna reflexión literaria. Así, La experiencia sensible trabaja con la crónica y el realismo; Los pichiciegos, construida como una entrevista entre el único pichiciego sobreviviente y un hombre que lo graba y toma notas, con el testimonio; En otro orden de cosas, donde se narra la historia del país a partir del derrotero personal de un hombre entre 1971 y 1982, con la novela histórica; La buena nueva de los libros del caminante, con la autobiografía; Nuestro modo de vida con las novelas de César Aira; el cuento "Help a él", anagrama y versión en clave alucinógena y sexual de "El aleph", con Borges.
 
Y es que si Fogwill fue el personaje que fue, eso se debió también a que siempre fue muy conciente de cuál era su lugar en el campo literario, concebido como un espacio de luchas, cuya forma contribuyó y aún contribuye a determinar. En efecto, ayudó (junto, quizás, justamente, con César Aira) a abrir un espacio donde no lo había (en los ochenta, cuando todo era Borges) y hoy ese espacio sigue disponible, para ser ocupado y redefinido por quienes conciben la escritura como un diálogo con lo real, como una carrera contra ese presente que, cada vez a mayor velocidad, se hace pasado.